Cuando un país se endeuda más y más, sin saber cómo ni cuando va pagar, agravado por la evidente realidad de carecer de plan alguno tangible para la regeneración del tejido empresarial, y por cierto, la única fuente conocida que llena las arcas del estado. Es el síntoma evidente de que la sociedad política está enferma. La sociedad ciudadana también lo debe de estar, ya que tal indicador de ineficiencia no altera la parsimonia del día a día, todos son quejas, pero nadie levanta el dedo; máximo algún que otros economista o catedrático, se limitan a publicar y predicar en escasos eventos reivindicativo no politizado: “que la política económica debe de cambiar” que en España debe de regenerarse la política industrial. La cortante realidad, y muy pocos lo hacen, es que hay que aprender a mandar y gestionar y sobre todo a saber predecir lo que el futuro nos depara, no cerrar los ojos y la mente, para tener alguna posibilidad de poder plantarle cara. Algunos como Antoni Garrell en su artículo “Cal recolzar l’industria amb convicció”… señalan que hay aún potencial por explotar generador de riqueza : “Extraer rentabilidad al conocimiento generado en los centros de investigación, universidades y centros tecnológicos,…
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