Fruta pasada (1)

Digo no a los políticos. El país lo va a experimentar, va a sobrevivir a la falta de respeto por parte de los políticos para quién necesita soluciones políticas, como los jóvenes sin empleo, profesionales sin trabajo, jubilados con futuro incierto, enfermos ante una sanidad cada vez más oscura y lo peor la deficiente educación desde los niños a la universidad — con aluminosis en el forjado de su arquitectura—. Sigue la sociedad viva, gracias a ese rol de profesionales que atan los entresijos de del día a día de la administración pública, bajo el anonimato de funcionarios públicos.

Muchos con gran valía profesional — doy fe, desde mi experiencia docente—. Funcionarios con conocimiento demostrado por haber superado las correspondientes oposiciones y vocación de servicio. Forman un cuerpo de élite que mantiene al país funcionando, mientras que la sociedad política está permanentemente enzarzada para repartirse lo que ellos entienden por poder, sin el menor reparo dialectico y confundiendo coraje con egoísmo sin contemplaciones. Y es que se ha perdido el respeto a la ciudadanía. Si ir más lejos es lo que se vive en la “arena” del Congreso de diputados. Antes el término de ciudadano, era factor común en los discursos de todos los políticos. Ahora, a quienes les han otorgado sus votos, los han descendido a ser nombrados simplemente con el genérico: gente.

¿Es gente?: un padre de familia gente, el parado lo es, y un juez, es gente… el empresario, catedrático, maestro o joven sin empleo, ¿es el taxista? o también lo es el funcionario público. ¡Todos somos gente! Hoy me avergüenza el estilo de los políticos de mi país. No lo puedo llegar a entender. Estoy analizando que cosa es común entre todos los políticos a los que hemos votado, para que no sepan diferenciar votante, ciudadano y gente. Cuando así se refieren a mí, piensan en el target de “gente fina”, gente con dinero” o “gente de mal vivir”. Gente es un conjunto de personas de determinada condición. ¿Se dirigen a mí cuando desde el Congreso de diputados? Claman: ¡Gente! y lo peor es que algunos ciudadanos aceptan que se dirigen a ellos.

El cuerpo de funcionarios es parte de la solución y bastión clave en nuestro país para producir un cambio que vuelva a traer el Estado de bienestar. Ocupan puestos clave en la administración pública del país; son ojos y oídos de todas las acciones políticas. Conocen las normas de funcionamiento y si tienen vocación de servicio y coraje, pueden pulsar los medios para neutralizar desmanes en la peor circunstancia y promover la innovación para mejorar reconstruir todo lo que se ha apartado de no cumplir el propósito de su función: administrar al ciudadano.

Digo sí a la política.  Es el ejercicio del poder que busca un fin trascendente. Una necesidad para el orden social. Es lo relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano. Política para resolver los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Política es un quehacer ordenado al bien común para llegar al Estado de bienestar. Política para asumir la moral que se ocupa de la actividad para mantener una democracia, una sociedad libre, compuesta por personas libres. Ejercer política para disponer de una sociedad civil libre y democrática. ¿Los políticos lo entienden así? Yo creo que la mayoría no. Ahí la necesidad de que los funcionarios den un paso firme para mejorar la Administración pública y protegerla para el bienestar de la ciudadanía.

Publicado: www.miguelcarrion.com