P1020678Hoy el municipalismo asiste a una encrucijada que la provocan algunos políticos en los ayuntamientos que se envuelven en este concepto de organización político social, para ilusionar a ciudadanos con el objetivo de ganar sus votos en estos momentos en que todo lo  popular “gana”.  Es una necesidad el innovar en la forma de explicarlo.

Las campañas pre electorales de los ayuntamientos ya están en su primer hervor. Quienes no tienen recursos intelectuales para seducir a electores, echan las redes de los recursos que suenen bien y es transversal a las capas se la clase media baja y baja-trabajadora, para pescar al mayor número de ciudadanos despistados que forman los grupos del “status socio-económico”. Un medio es la información de resultados comprometidos en la legislatura. Mucho escribir y nombrar cosas resueltas. Sabemos de la poca inclinación que existe hacia la lectura minuciosa y cuando alguien o algo es muy nombrado comienza a convertirse en incuestionable. Es una manipulación de “letra pequeña” por parte de los políticos que son incapaces para razonar abiertamente con explicaciones ante las ciudadanía de las cosas no resueltas.

Otro ardid que ha funcionado para confundir al personal es acogerse a predicar “MUNICIPALISMO”, a estos políticos no les importa demasiada la esencia moral, los mueve solo su objetivo de poder ganar las próximas elecciones. Municipalismos para ellos es la mercancía. Quienes lo ofrecen y no conocen la dimensión de este término se les puede tratar de embaucadores y si son conscientes de la magnitud del término como forma de gobernar y lo emplean en falso, se etiquetan a sí mismos de truhanes.

Muchos ciudadanos conocen el significado de “municipalismo”, no se van a dejar engañar, ellos saben que es la obligación consciente que surge de quienes tienen pasión política para trabajar focalizados a colaborar en la salud política de sus ayuntamientos; no se dejan engañar por los políticos que predican. Ante la situación social, se multiplican las experiencias de ciudadanos que sencillamente quieren «cambiar las cosas» y que para ello empiezan por lo que les resulta más cercano: Su ayuntamiento. Pero surge la barrera, en la ofensiva de personajes que se han colocado en el status de “ser ellos el ayuntamiento”. Al ayuntamiento lo han hecho del parte de su proyecto de vida como políticos de gobierno basados en una intelectualidad carente de ideología sin ideas de cambio que solo llega al espacio de su estructura clientelista.

Este autoritarismo, es un acicate y provocan a todas y todos, la necesidad de cambiar las cosas. Por eso es hora de apartar a los de “siempre” y tomar los gobiernos locales portando idea frescas. Es la hora de asumir la ciudadanía la capacidad de decisión sobre la forma de gobernar en muchos ayuntamientos que han estado gestionados con política paternalista como la mejor de las opciones. Quienes han estado años en el gobierno municipal y, persisten en seguir “tienen un problema” como diría Fromm[1], perder el poder puede ser un trauma para su personalidad. Estas personas pilladas por este rancio condicionante y al tiempo predicando que “ejercer municipalismo”, no son serios con los vecinos de su municipio. Quién así gestiona la gobernanza no puede denominarse municipalista.

La anatomía del municipalismos, que yo entiendo, es la realidad identitaria entre gobernantes y gobernados en un espacio común donde se fundamenta de la democracia en un autogobierno formado por personas capacitadas y elegidas por la ciudadanía y nunca por listas electorales, creadas con nombres surgidos de entre una parte de la población. Las listas de los ayuntamientos deben ser abiertas para no generar con la acción del voto una democracia sesgada. El ayuntamiento que basa su gobernanza en las decisiones de solo una parte de la población entra en el “juego democrático” pero no en el municipalista. Hay un hecho incontrovertible en la concepción sociológica de que el hombre es un animal social. El que no pueda vivir más que en la compañía de otros hombres, empaña la noción también cierta y útil de que por ser cada hombre único, la unidad social indivisible es el individuo humano. Ahí lo que molesta a quién cree en el municipalismos y percibe que otros lo utilizan para mangonear como arma publicitaria en las próximas elecciones.

“El municipalismo es una escuela de democracia”. Es el escalón fundamental de las prácticas políticas de participación y de representación democrática.; dando respuesta a los Ayuntamientos, ¿qué eran?, ¿qué son?… El municipalismo bien aplicado, con la participación de la ciudadanía; facilita a los ayuntamientos aplicar innovación para mejoras incrementales y disruptivas para desarrollar nuevos servicios ciudadano además de compartir proyectos para reducir gasto corriente y burocracia en las políticas municipales. (Pascual Maragall, dixit)

“Municipalismo es gestionar un autogobierno para lograr las mejores condiciones que permitan recuperar la Estado de bienestar fulminada por la crisis sistémica y el saqueo de la perversión política y seguir creando valor para el ciudadano. Municipalismo es decidir colectivamente a fin de  satisfacer la ética en la gestión política y los derechos de la ciudadanía y garantías democráticas. Municipalismo es sencillamente hacer democracia al nivel territorial más cercano: El ayuntamiento.”

En las sociedades actuales los ayuntamientos son los órganos de gestión de los municipios, que están en manos de personas electas, de carácter representativo. En la organización social, política y administrativa actual, son unas pocas personas que deciden y gestionan, tanto la calidad como la cantidad de los bienes y servicios bajo el control del Municipio. Teniendo en cuenta la importancia que ocupan tales bienes públicos en la satisfacción de nuestras necesidades materiales y culturales, no es posible dejar en manos de unos pocos la administración de la riqueza colectiva que se mueve desde el Ayuntamiento y no permitir que lo hagan quienes carecen de ideario propio y se acogen a términos como el de MUNICIPALISMO para deslumbrar a los potenciales electores.


[1] Ver: Las convicciones de Erich Fromm