B_Cami ronda (30) Muchos volverán a presentarse de nuevo. Alcaldes y alcaldesas ya están vendiendo el mensaje a sus afines votantes de que la causa de los problemas económicos y funcionales de sus ayuntamientos han sido más como consecuencias de los escenarios coyunturales que del resultado de su eficacia durante el mandatos que está acabando. Estos ya levantan “su colita” para animar al personal en una virtual imitando la naturaleza. Otros la esconden, los avergonzados de haber provocado endeudamientos en sus ayuntamiento por haber perdido el equipo municipal el horizonte en sus contabilidades del “debe y del haber”. También intentarán justificarse esos que no han tenido suficientes competencias para saber dirigir a sus equipos de gobierno acomodando su mandato en la autocomplacencia

basada en la ineficacia y la falsa autoestima de ineptos colaboradores con actuaciones de tipología desde “fantásticos” a “egópatas” pasando por el “cortoplacistas”. Quienes van a dejar sus ayuntamientos peor que los encontraron que no se vallan como triunfadores y menos que "intenten repetir". ¡Su tempo pasó! Y, la política municipal municipal no es un un pesebre para vivir de él.

Toda una gama de comportamientos en los cargos electos que el ciudadano debe saber descubrir antes de volver a confiarles su voto. En los meses que estamos en plena crisis todo ha cambiado, en la función municipal hay un descontento generalizado que aterra si lo proyectamos a la gobernanza futura. A los cargos electos se les ve “la cola” de que no sienten ya el compromiso de tener que responder al ciudadano que lo votó, qué las promesas han caído en saco roto por aquello de “mal de muchos… “. Todo el colectivo municipal ha perdido el halo de “trabajamos para ti, y tú ciudad”. Ahora la misión que se han autoasignado es la de “dame las gracias porqué aún voy estoy al frente del caos”.

Los próximos electos candidatos, sean por que repiten o los nuevos que emerjan de los caladeros de las fuerza de la oposición, se están mentalizando (lo percibo) para crear sus programas como mantenedores de caos, que asumir el liderazgo de emprendedores innovadores en la misión municipal. Pero si algo castiga la naturaleza es la mediocridad y es el caso de los primeros. Los pueblos no necesitan cargos electos “oportunistas” que se presten a dirigir sin asumir resolver el futuro del sus ciudadanos. La oportunidad debe de darse a los que tengan capacidades para ser “eficaces” y aportar  resoluciones para salir de la crisis administrando los presupuestos que la realidad ha confirmado que son los que son. Los ciudadanos necesitan líderes en los ayuntamientos que no sean heterodirigidos, que no se dejen de influir por intereses externos y que reúnan las capacidades suficientes para gestionar con éxito, Y de eso se trata en las próximas elecciones municipales: Saber elegir a quienes tienen habilidades contrastadas.

Las elecciones del 2011 será un antes y un después para muchas poblaciones. Pocos son los supervivientes políticos con éxito si por los resultados económicos finales de sus consistorios se miden. Muchos intentarán levantar “la colita” para atraer y seducir a los votantes, el ciudadano está expuesto a creer, confiarse y equivocarse. Puede evitarlos estudiando no lo que digan sino lo que sean. Comprobar las posibilidades de que los nuevos equipos de gobiernos con sus alcaldes y alcaldesas al frente con capacidad crear políticas de gestión para recuperar el bienestar social y económico en los cuatro futuros años de mandato. Protegernos de los falsos mensajes capaces de lograr activar en la mente de los ciudadanos la presencia de la hormona oxitocina que puede generar comportamientos de confianza con la reciprocidad de “entregar el voto”.

El empleo en la comunicación política de la neuropolítica y técnicas psicológicas que inciden en las conexiones neuronales fijando ideas en el inconsciente para lograr ligar emocionalmente al votante con el candidato. Será una realidad. El ciudadano debe de aprender a ver como se mueve “la colita” del candidato y detectar si es un amor real o fingido. Es el momento en que los representantes públicos dejen de ser meros figurantes y profesionalizarse al nivel de competencias que exige la gobernanza actual.