"X_Mejicanos_3 La cosa es apasionante y podrías reenviársela a Miguel en Barcelona" —le dice mi amigo Eliseo Bayo a Lorenzo Dávila—, desde México. Y él, así lo hace. Recibo un sorprendente relato. ¡Cómo no! lo leo y ¡ah!,me sumerge en un estadio intangible que me hacer recordar el entorno de “El Principito”, transportado a la era de la globalización: Carta a un señor Ministro.

Sr. Ministro:

Hoy no voy a hablar de Infraestructuras, ni de las medidas de austeridad, ni de la Ley de Colegios Profesionales, ni la Travesía Central del Pirineo, ni de su gobierno que se manifiesta incapaz de resolver los grandes problemas que amenazan el futuro de este país tan pésimamente administrado. Ni siquiera voy a hablar de usted.

Me interesa decirle que la política se ha convertido, por obra de los malos políticos, en la principal amenaza de la Sociedad. Me interesa decirle que es posible otra política. Probablemente usted se sorprenderá, y se escandalizará, si le digo que la política puede ser sustituida por la Administración libre de los ciudadanos. Quizás usted piense que voy a ampararme en las viejas ideas, así dichas, de los movimientos asamblearios y anarquistas que predicaron la Utopía, y fueron desmentidos por la realidad pesada de la historia. Voy a decirle que la Utopía es una realidad que están llevando los ciudadanos en muchos sitios. La otra tarde, aquí en México, me reuní con un gran empresario mexicano cuya actividad es transnacional: está en España, en Francia y en los Estados Unidos. Tiene fábricas en México y comparte su residencia aquí y en un pueblo de los Estados Unidos, cuyo nombre omito por no provocar un movimiento de emigración masiva hacia él.

En ese pueblo de ocho mil habitantes no existen los partidos políticos, ni tiene alcaldía. La Administración de todos los asuntos municipales es llevada por una sociedad cuyos dirigentes son nombrados por la Asamblea de vecinos que fiscaliza su actividad. La empresa contrata a los trabajadores que se ocupan de los servicios municipales. Todos los cargos en cualquiera de las áreas son elegidos entre las personas más idóneas para representarlos, y deben demostrar que tienen aptitud demostrada para desempeñarlos. No tienen déficit municipal, sus calles están muy cuidadas, y los jardines bien dispuestos. Todos los vecinos se comprometen y se sienten muy honrados en hacer donativos para obras asistenciales en otros lugares. No existen sindicatos, es decir funcionarios sindicales, porque los trabajadores negocian con los empresarios el salario y las prestaciones a recibir. El empresario que se atreviera a romper sus compromisos, o a intentar pagar salarios en contra de las peticiones de los trabajadores, estaría tan mal visto en el pueblo, sufriría tal ostracismo, que se vería obligado a marcharse del lugar.

No existe la delincuencia, no hay robos, ni violencias. No hay guardaespaldas, ni chóferes privados. Como hay personas que entran a trabajar muy pronto, los dueños de los bares abren el establecimiento y dejan a los clientes tomar lo que quieran, y éstos pagan su consumición, dejando el dinero sobre la mesa. Los restaurantes funcionan sobre todo para los visitantes. La gente del lugar invita a sus compromisos, incluso laborales, a comer en su casa.

En el pueblo residen algunos importantes cargos públicos, entre ellos un muy famoso general cuatro estrellas que ni siquiera tiene chófer, hace la compra en el súper y vuelve a su casa en el vehículo de cualquier vecino que pasa por allá; también vive allá el presidente de un Fondo de Inversiones que gestiona centenares de miles de millones de dólares, y puesto que sus hijos estudian en uno de los colegios del pueblo, y es obligación que los padres y sus hijos se ocupen de la limpieza del edificio, no tiene reparo en arremangarse con ellos y limpiar los retretes. Las puertas de las casas están abiertas y los jóvenes no tienen teléfonos móviles, porque pueden entrar en cualquier casa para hacer sus llamadas. Las escuelas funcionan según el criterio de los padres empeñados en dar a sus hijos la mejor educación, y éstos encuentran vía libre para desarrollar sus habilidades y sus emociones. Contratan a grandes músicos y los invitan, y acceden, a pasar temporadas en el pueblo para introducir a pequeños y a mayores en el placer de la música clásica. Este pueblo alberga al mayor número de medallas olímpicas en deportes de nieve de los Estados Unidos.

En este pueblo no domina ninguna religión, ni ninguna secta. Es ocioso decir que tampoco ningún partido político. La gente respeta todas las creencias, y a los que no tienen ninguna. Son ciudadanos libres.

Este pueblo no es el único que funciona así en los Estados, sino que según mi informador, que es persona cabal y dotado de grandes conocimientos económicos, sociales y culturales, conoce en el entorno varias decenas de pueblos y pequeñas ciudades similares. Piensa que la política y los políticos han olvidado que su finalidad principal no es la de representar a los ciudadanos y hacer de ellos lo que se les atine, sino Administrar correctamente, no incurrir en gastos improductivos, someterse a las auditorias frecuentes de los ciudadanos, e impulsar el desarrollo íntegro de la vida social.

No es una Utopía es una realidad. Siento envidia de ella y lamento que el Destino no me haya deparado la suerte de vivir en condiciones semejantes, sino por el contrario, haberme lanzado, junto a otros millones de ciudadanos, a vivir sometido a los dictados, en el sentido estricto del término, de los malos políticos que ni siquiera sospechan que lo son.

Sinceramente

Eliseo Bayo

22 de septiembre-2010