X_Borregosmayo10 (4) A los primeros para tenerlos bajo control y adelantase a liderar la opción que en cada momento surja de forma imparable y a los amigos para tener una red de protección para cuando necesite por un periodo de tiempo pasar a ser invisible. Y como dice el chiste: … “Le proponen a un político que ponga en los presupuesto, realizar mejoras sustanciales en escuelas, universidades y en barrios humildes… y la respuesta de este es un rotundo ¡No! — ¡Lo que hay que renovar y mejorar es el confort de los centros penitenciarios!— afirma rotundamente el político de turno. ¿Por qué ahí, en las cárceles, y no en los otros sitios? — le preguntan sus fieles votantes, y el político responde: ¡Es que a esos sitios, no pienso nunca más volver!Como siempre el animal político tira la harina para su costal. Hay que luchar para que el sagrado objetivo sobre el “ámbito de la actuación política es el beneficio colectivo” y que toda alteración para desviar la gobernanza en interés individual es un delito.

La lucha por el poder fácilmente corrompe y el mercadeo o el quid pro quo entre el amiguísimo es el mayor enemigo para tener un ánimo positivo y de servicio a la sociedad durante el ejercicio de la vocación política, que se transforma en un puro “oficio de político”, en la mayoría de los casos, como se aprecia en el ejemplo en la actual sociedad española, “quién no lleva banderillas es porque ya lo han estoqueado”, por emplear términos taurinos.

El potencial votante es el objetivo de esta élite de personas en el poder. Saber lo que piensa el potencial votante (NEUROPOLÍTICA), es el reto que deben superar en los periodos electorales los medios de comunicación y propaganda de los partidos para engatusar a los ciudadanos (fuera de este periodo “gente”), con propuestas sutilmente retadoras para captar la intención de voto. Ejercer de político, es una tarea difícil y arriesgada si en el ejercicio del poder debe de prevalecer la honradez y el servicio de los demás. En España ahora lo tenemos bien, “porqué estamos muy mal”. Los políticos ya han vendido el mensaje de que todo ha de cambiar a peor: los mileuristas tendrán que pagar más impuestos, la clase media reducirá su estado de bienestar a límites inimaginables. Aquí es donde el ingenio y la inteligencia del político que debe de trabajar para saber endulzar la píldora para asumir la situación de descalabro, y lograr que los afectados le sigan votando como el “mejor mal menor”.

La guerra del desprestigio ha empezado en España y más en Catalunya que están en alto riesgo de permanecer en le poder los que hoy aún están. “Hay que saber vender”, como narra Robert Harris [1] en su obra Pompeya, refiriéndose ya en el año 79 d.C. a como pensaban y actuaban la casta de los económicamente bien situados: dice Ampliato un político trepa de la época: “… —nunca he entendido en asuntos de piedras y maderas. De lo que entiendo es de dinero. Y lo bueno que tiene el dinero es que no importa cuándo se cosecha. Su cosecha es todo el año—. Y el reflexivo Atilio (un ciudadano culto) pensó: <<No, no es dinero de lo que entiende (refiriéndose al político), sino de hombres, de sus fuerzas y debilidades, de cuánto hace falta halagar y cuánto asustar>>. Hoy la acción política es meterles miedo en el cuerpo a los ciudadanos. Los unos para justificar su falta de soluciones ante la crisis y los demás para suscitar en la mente ¡qué hay que probar, “votando a otros”! por si en el cambio surge la luz de “la solución” aunque ambos la fechan en un sine die demoledor.

¿Nunca te has parado a pensar como esta organizado en mundo a tu alrededor? Y que ahora cuanto más dure la crisis, mejor se lo ponemos a los “profesionales políticos” para que se tengan que comprometer aún menos. Ellos amparados por sus derechos de casta, no necesitan saber ni de “piedras ni de madera”, solo que con el voto democrático sigan administrando el dinero de todos. Los profesionales con alto riesgo de perder el empleo, los que ya lo han perdido, los empresarios que objetivan la deslocalización de su organización, como medio para sobrevivir llevándose lo puesto y los funcionarios que empiezan a no ver un futuro de color de rosa. La realidad es que el futuro de todas las actuales generaciones está en las decisiones de los “genios políticos” o como dice Jordi Pujol en su discurso La destrucción del adversario[2]: “Como sea. De destruir al adversario. Al servicio de una campaña de destrucción se puede poner ingenio e inteligencia. E incluso puede tener éxito. Pero este éxito conllevará un gravísimo desprestigio de la política y un grave daño al interés general”.

Sólo una nueva implantación del estado de ánimo positivo, y generar unanimidad en la denuncia de quiénes mercadean con corrupto beneficio los impuestos que pagamos todos, para su interés individual o de partido, puede llegarse al saneamiento social necesario, y sobre él construir un nuevo espíritu de servicio que genere líderes que sepan dirigir el futuro de nuestro país. Las nuevas generaciones aún en las guarderías de primaria y en la enseñanza secundaria, serán los que juzgarán a los que hoy están hipotecando el país a las potencias acreedoras. Y alguien escribirá… Los políticos que mandaban en España a principios del siglo XXI “no sabían de infraestructuras ni de piedras… y como objetivo estaba el pelearse entre si, y haber quién la hacia más faraónica”… que ahora tenemos que pagar nosotros… Sí, así lo dirán tus hijos y tus nietos dentro de veinticinco años, los que ahora no puedes halagar ni asustar, pero que si reciban las deudas históricas que tú les has endosado.


[1] Pompeya; Narración de las 48 horas para la catástrofe; Ed. Grijalbo.

[2] La destrucción del adversario;