Los alcaldes tricéfalos son lo únicos que tienen futuro, en las próximas elecciones municipales, sobre todo en Catalunya
El alcalde es el presidente de la corporación, dirige la administración municipal y representa al ayuntamiento. Es elegido entre los concejales por mayoría absoluta, los cuales son a su vez elegidos por los vecinos en elecciones municipales por el pueblo democráticamente. Preside el Ayuntamiento. El alcalde es la autoridad racional más próxima al “ciudadano” y la más lejana cuando estos no hacen valer sus derechos democráticos y pasar a ser simplemente “gente” que no exige su derecho a estar bien protegidos por la administración de su alcalde que debe liderar las situaciones de supervivencia como ahora ocurre con la crisis.
El alcalde tiene que tener tres mentes o funciones cognitivas para activar la correcta toma de decisiones en los tres frentes de batalla que se enfrenta y debate cada día:
1º Las personas que forman su equipo municipal político, técnicos y funcionarios.
2º Con las necesidades prioritarias de los ciudadanos de su territorio.
3º Tener que contentar a sus superiores políticos o al “poder” que en su día lo apoyaron para el cargo.
Su gran dilema es decidir en el orden de prioridad que debe ejercer su autoridad de alcalde junto con sus concejales y con la presión de la oposición. La falta de medios en la asfixiante economía municipal obliga a que con todos no se puede cumplir, veamos:
Si su orden es 3º-2º y 1º: Si decide, atender a sus “jefes” contentar a sus “votantes y en tercer lugar a su “equipo”, es muy posible que llegue sucumbir por falta de ayuda de los de arriba absortos por solucionar su egoeconomía y en permanecer lo más invisibles posible para que sus enemigos políticos no los pongan en la diana de posibles prevaricaciones o favoritismos tan dados en el tiempo de bonanza inmobiliaria (el tiempo corrompe, como se está evidenciando). Mal este orden decisorio para el alcalde.
La opción, 1º-3º y 2º: Si apuesta por organizar y ganarse a su equipo, y no jugarse perder la palmadita en la espalda de sus jefes políticos, es posible que en un municipio en que haya “más gente que ciudadanos” puede que vuelvan a ser elegido en las próximas elecciones, pero si entre los votantes hay padres de familia, empresarios, comerciantes que necesitan reorientar para sobrevivir sus profesiones y negocios con la ayuda de una mayor eficiencia municipal para fortalecer sus derechos como contribuyentes, generar puestos de trabajo o lograr mejorar la confianza para que se empiece a invertir de nuevo. El alcalde en este orden de decisión lo tiene mal, muy mal, porque se ha olvidado de que su misión es el bienestar de las personas de su municipio antes que nada y que nadie.
Es obvio, en tiempos difíciles como dice mi apreciado amigo Xavier Marcet “en época de crisis hay que hacer las cosas a lo grande” , y me permito añadir el hacerlas: diferentes, con otras miras, aceptando que no se puede contentar a los de siempre a los de “siempre”, que quién no tenga competencias no puede ocupar un puesto de responsabilidad, que ha acabado el tiempo a los oportunistas (no hay dinero para mantenerlos) y sobre todo la actitud del alcalde que debe de hacer una profunda valoración de que si sus competencia y habilidades son suficientes para la magnitud de problemas que se avecinan en la próximas legislatura.
¿Que debe de hacer? Aislarse de todos, y primero escuchar el pulso de su territorio ya que el nuevo poder municipal será de forma imparable de “abajo a arriba”, calzarse los zapatos de los ciudadanos de cada uno de barrios o distritos y alinear a las personas de su organización, primero a los funcionarios antes que a que propios electos concejales para que se formen en los nuevos requerimientos que la crisis exige y se armonicen con la ciudadanía, Esto es el nacimiento de una nueva fuerza que le permitirá al alcalde exigir a los de arriba (no pedir ni suplicar). UN ALCALDE es el primer representante del pueblo ante la sociedad política y hay que recordarles que ellas viven del ciudadano de a pie y del empresario hoy oprimido por la financiación.
Hoy es imposible contentar a todos, el trabajo de un alcalde en época de bonanza económica puede llagar a ser hasta una función autocomplaciente que incluso le puede generar autoestima por parte de sus votantes fieles. Todo se ha complicado y ahora hace falta algo más que voluntad de cumplir y ni no será por casualidad que funcione un consistorio, hay que profesionalizarse cada uno en su misión.
El candidato a alcalde del 2010, tiene que tener las competencias económicas-técnicas que se requieren, para sabe reducir los presupuestos en su consistorio, La habilidad sociológica para saber escuchar el pulso de sus ciudadanos. Y saber plantase ante la disciplina de partido. Los políticos deben de ser menos políticos y más “municipales”, han de ser un ejemplo conocimientos, honradez y “seny”. Mirar de dentro a fuera. De lo que se necesita prioritariamente para las personas del municipio y no como hasta ahora la ocurrido que han sido los intereses otros de afuera, los que han utilizado (mangoneado) los municipios para sus negocios… como es evidente noticia cada día en la prensa.
El alcalde debe de pensar en tres posiciones en su pensamiento funcional en: sus ciudadanos, su personal de apoyo y como comprometer desde su “valor municipal” al Ejecutivo para ayudas y no para recibir órdenes políticas interesadas.
