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Qué puede ser: ¿la sociedad?, ¿la educación no asimilada?, ¿la formación no impartida?… Lo que sí es seguro es que “algo” no está dimensionado para estar a la altura de la convivencia social. Inimaginable pero ocurrió en la Colonia Güell. ¡Sí! ¡Es así! ¡Hoy es así! ¿Ha ocurrido siempre? ¿No lo habíamos percibido? La sociedad no puede permanecer impasible ante individuos que, por su cuenta, alteran la métrica de la convivencia entre los ciudadanos. Es evidente que tanto la educación que les está transmitiendo la familia y los docentes como el ejemplo de vida de los adultos tienen como resultado la eliminación de valores establecidos con un ¡boom…!

 

Lo útil para todos, que por lógica son los intereses de la mayoría, está colapsado. Se entra en la sociopatía del “ahora yo”. El temido y generalizado super-ego afecta a individuos incapaces de ver cualquier situación desde otro ángulo que no sea el suyo.

Ayer, en nuestro municipio, volaron “la cabina”. Sí, saltó por los aires la única cabina de teléfono público existente en el pueblo. Un dato que da pie a la reflexión de quién ha podido destruir un bien aséptico, un valor que es, o mejor dicho, que era, de utilidad para todos. El grupo de sociópatas que ha fulminado la cabina tiene una familia y profesores, hay adultos en su entorno que pueden pero no deben eludir o ignorar el hecho. Es previsible que llegue a sus oídos quién o quienes han sido los no-héroes de esta hazaña.

Lo cabina habrá dicho: “¡Vaya! Siempre me toca a mí… ¡Qué suerte la mía!”.